martes, 19 de junio de 2012

Deontología Jurídica


La Deontología Jurídica, nace del deber del Abogado, frente a los conjuntos de deberes de la profesión, tomando en cuenta que esta materia surge de la investigación Filosófica hecha por Kant, dentro de las variantes  que necesita el Derecho para proyectarse con ética, moral y las costumbres con que el Abogado debe ejercer la carrera. De esta manera,  toma forma esta disciplina que es fundamental en la formación del Abogado, para su progresiva proyección en la sociedad, atendiendo con sensibilidad las necesidades humanas, con la idea clara de la justicia como deber ser jurídico.
En los actuales momentos, se vive, en una época donde todo ha variado, los compromisos adquiridos por el profesional del derecho, a través de la educación, se han venido perdiendo, la tolerancia, la convivencia social, la igualdad social y donde a diario se escucha decir que hay crisis social, crisis de valores. El Abogado no escapa a la realidad antes descrita, en muchos casos las consecuencias ante la falta de ética en el ejercicio de su profesión, se observa en sus procederes,  les acompañan, el individualismo, el egoísmo, mercantilismo, la insensibilidad, la intolerancia, incomprensión, desunión, son antivalores que se deben erradicar como causa fundamental del problema de la crisis de valores.
La formación moral no puede ser impuesta al hombre desde el exterior, requiere de cierto sistema individual de valores, puntos de vista, ideales, los cuales se exigen en el sujeto de forma determinada y que en la misma medida que revelen sus relaciones con los que le rodean, reflejen además un sistema individual de significados, modelos a seguir, los que consecuentemente deben ser la guía de la actuación, por ello se establecen códigos deontológico. Es así como el tema de la moral, como forma de la conciencia social, origina en el hombre motivaciones decisivas que permiten orientar su  hacia objetivos concretos y sin lugar a dudas, en su ejercicio profesional.

Reflexiones
“La abogacía no se cimienta en la lucidez del ingenio, sino en la rectitud de la conciencia que es mil veces más importante que el tesoro de los conocimientos”.
 Dr. ÁngeOsorio

“Dos cosas me llenan siempre de nuevo mi alma de admiración y estupor, el cielo estrellado sobre mí y la luz moral dentro de mí.”
Enmanuel kant.

“La vida es una labor de perseverancia donde vamos hilando el estambre de las victorias y  los sinsabores, para dejar un tejido acabado antes de marcharnos”.

“El atributo esencial del abogado es su moral, el buen abogado debe reunir dos requisitos esenciales: versación y probidad; sin embargo, el componente principal para ejercer la abogacía es la moralidad”
Dra. Sonia sgambatti.

Si el individuo pusiera en practica el conocimiento innato, o a priori, que es el conocimiento de uno mismo, expresado mediante la célebre fórmula “Cogito, ergo sum” (“Pienso, luego existo”) usada por uno de los grandes pensadores o Filósofos como lo fue Rene Descartes, actuaríamos de una manera más racional.
Su Amiga
Salvadora Frontera

Etica vs Derecho, la podemos enseñar?


Ética vs Derecho, la podemos enseñar?
Autor: Abog. Salvadora Frontera
Aunque no tengamos un modelo de persona Ética, contamos con un conjunto de valores universalmente consensuados, no sólo de la sociedad occidental, sino de diferentes culturas (democracia griega y el origen de la filosofía, la tradición judeocristiana, la ilustración, etc.), todo esto ha ido dejando un poso de valores, principios, ideales que se resumen en los llamados derechos fundamentales. La misma justificación de los Derechos Humanos está en la Declaración Universal de dichos derechos en 1948. Y ese es un interesante punto de partida. Son valores en abstracto: la vida, la justicia; por eso se le acepta como universales, si fuesen más concretos desaparecería la unanimidad.
Los Derechos Humanos son y deben ser, la fuente de donde emane el derecho positivo, pero nunca llegarán a agotarse su sentido y su riqueza en las fórmulas de una legislación positiva. Es la ética la que juzga a la ley y es la que orienta su interpretación. Pero si la interpretación de las leyes son siempre fáciles, están sujetas al criterio práctico de un juez, más difícil es la interpretación entre un valor ético y su aplicación práctica.
Es difícil dar respuesta a preguntas que diariamente nos hacemos, esto puede llevar a un escepticismo y a una conducta pesimista. Creer en la ética supone dos ideas: 1. Que los derechos implican deberes que no sólo son competencia del Estado, sino de todos los Ciudadanos y, 2. Que el sentimiento de impotencia ante la ausencia de valores éticos deriva de un movimiento erróneo que consiste en identificar la impotencia absoluta con la impotencia relativa e injustificada, es decir que lo logros sociales de largo alcance no son nunca fruto del esfuerzo de un solo individuo, ni de un grupo entusiasta, ni tampoco de un gobierno. Proceden por el contrario de la labor voluntariosa y coherente de una serie de individuos que comulgan con unos objetivos comunes.
Tal es la razón que explica la necesidad de unos valores compartidos, es necesario que existan además unos intereses comunes que agrupen a los ciudadanos y comprometan a toda la humanidad en la empresa de hacer un mundo más humano. Precisamente, lo que ha de distinguir a la empresa ética de otras empresas particulares es esa dimensión universal. Habrá, por tanto, que rechazar los relativismos que proponen distintas éticas.
Las diferentes épocas históricas, van llenando de significado los valores. Es inadmisible, por ejemplo, la discriminación de la mujer, o de étnias, o de religiones, porque el Derecho a la igualdad significa, indiscutiblemente, en el siglo XX, el Derecho a No sufrir Discriminaciones. Estos valores, por tanto son válidos en cualquier cultura y en cualquier época histórica. Por tanto se puede afirmar, que una cultura que no respete estos Derechos es menos humana, menos ética que otra que evita tales discriminaciones.
Que existan Derechos universales no exime de zonas dudosas, de poco consenso, como puede ser la despenalización del aborto. Estas son las que deben consensuarse por la vía del diálogo o de la democracia. Esto supone admitir la tragedia de la ética, que consiste en el sacrificio de otros valores. Para ser coherente con la misma ética cualquier decisión debe respetar el otro mínimo ético que es el del consenso dialógico (comunicación lo más simétrica posible).
Hay de tener en cuenta que los Derechos Humanos son absolutos en el enunciado, pero suelen entrar en conflicto en su puesta en práctica, por lo que exigen cierta relativización.
¿Pero cómo se enseñan los valores éticos? Efectivamente, los valores morales pretenden formar el carácter, crear hábitos, unas actitudes, unas maneras de responder a la realidad. Y todo esto, ¿cómo se enseña? ¿Quién lo enseña? ¿Se trata de sembrar dudas e incertidumbres, de formar para la crítica, de enseñar a decidir por su cuenta, con autonomía? No hay fórmulas, pero sí es posible decir cómo no hay que enseñar ética.
¿Cómo se debe enseñar la ética? No se deben reducir a la enseñanza de algunas asignaturas, éstas deben suponer un esfuerzo mayor e incluso necesario, pero no debe ser la única manera. La ética se transmite a través de la práctica, de ejemplos en los que estén reclamando la presencia de valores alternativos. Ejemplos que suceden en la misma clase, en la vida real, ejemplos cercanos a los alumnos. Las Universidades son microcosmos de los conflictos de la sociedad. El primer paso que habrá que dar en su análisis serán el tomar conciencia. No dejar que todos los problemas sean resueltos por otros.
La educación en valores es tarea de todos, de todos los que actúan sobre los educandos. Es necesario comprender que la sociedad somos todos y es de todos la responsabilidad de mejorarla. Pero es importante señalar, como principales actores en la educación a la familia y a la escuela y como continuidad de esta, la universidad, donde se deben perfeccionar esos conocimientos.
No se puede dejar de educar en un sentido o en otro. Los alumnos aprenden comportamientos, según sean los criterios que los guíen. Es necesario que se aprueben o desaprueben unas conductas u otras.
El Autor