Ética vs
Derecho, la podemos enseñar?
Autor: Abog. Salvadora Frontera
Aunque no tengamos un modelo de persona Ética, contamos
con un conjunto de valores universalmente consensuados, no sólo de la sociedad
occidental, sino de diferentes culturas (democracia griega y el origen de la
filosofía, la tradición judeocristiana, la ilustración, etc.), todo esto ha ido
dejando un poso de valores, principios, ideales que se resumen en los llamados
derechos fundamentales. La misma justificación de los Derechos Humanos está en la Declaración Universal
de dichos derechos en 1948. Y ese es un interesante punto de partida. Son
valores en abstracto: la vida, la justicia; por eso se le acepta como
universales, si fuesen más concretos desaparecería la unanimidad.
Los Derechos Humanos son y deben ser, la fuente de donde
emane el derecho positivo, pero nunca llegarán a agotarse su sentido y su
riqueza en las fórmulas de una legislación positiva. Es la ética la que juzga a
la ley y es la que orienta su interpretación. Pero si la interpretación de las
leyes son siempre fáciles, están sujetas al criterio práctico de un juez, más
difícil es la interpretación entre un valor ético y su aplicación práctica.
Es difícil dar respuesta a preguntas que diariamente nos
hacemos, esto puede llevar a un escepticismo y a una conducta pesimista. Creer
en la ética supone dos ideas: 1. Que los derechos implican deberes que no sólo
son competencia del Estado, sino de todos los Ciudadanos y, 2. Que el
sentimiento de impotencia ante la ausencia de valores éticos deriva de un
movimiento erróneo que consiste en identificar la impotencia absoluta con la
impotencia relativa e injustificada, es decir que lo logros sociales de largo
alcance no son nunca fruto del esfuerzo de un solo individuo, ni de un grupo entusiasta,
ni tampoco de un gobierno. Proceden por el contrario de la labor voluntariosa y
coherente de una serie de individuos que comulgan con unos objetivos comunes.
Tal es la razón que explica la necesidad de unos valores
compartidos, es necesario que existan además unos intereses comunes que agrupen
a los ciudadanos y comprometan a toda la humanidad en la empresa de hacer un
mundo más humano. Precisamente, lo que ha de distinguir a la empresa ética de
otras empresas particulares es esa dimensión universal. Habrá, por tanto, que
rechazar los relativismos que proponen distintas éticas.
Las diferentes épocas históricas, van llenando de
significado los valores. Es inadmisible, por ejemplo, la discriminación de la
mujer, o de étnias, o de religiones, porque el Derecho a la igualdad significa,
indiscutiblemente, en el siglo XX, el Derecho a No sufrir Discriminaciones.
Estos valores, por tanto son válidos en cualquier cultura y en cualquier época
histórica. Por tanto se puede afirmar, que una cultura que no respete estos
Derechos es menos humana, menos ética que otra que evita tales
discriminaciones.
Que existan Derechos universales no exime de zonas
dudosas, de poco consenso, como puede ser la despenalización del aborto. Estas
son las que deben consensuarse por la vía del diálogo o de la democracia. Esto
supone admitir la tragedia de la ética, que consiste en el sacrificio de otros
valores. Para ser coherente con la misma ética cualquier decisión debe respetar
el otro mínimo ético que es el del consenso dialógico (comunicación lo más
simétrica posible).
Hay de tener en cuenta que los Derechos Humanos son
absolutos en el enunciado, pero suelen entrar en conflicto en su puesta en
práctica, por lo que exigen cierta relativización.
¿Pero cómo se enseñan los valores éticos? Efectivamente,
los valores morales pretenden formar el carácter, crear hábitos, unas
actitudes, unas maneras de responder a la realidad. Y todo esto, ¿cómo se
enseña? ¿Quién lo enseña? ¿Se trata de sembrar dudas e incertidumbres, de
formar para la crítica, de enseñar a decidir por su cuenta, con autonomía? No
hay fórmulas, pero sí es posible decir cómo no hay que enseñar ética.
¿Cómo se debe enseñar la ética? No se deben reducir a la
enseñanza de algunas asignaturas, éstas deben suponer un esfuerzo mayor e
incluso necesario, pero no debe ser la única manera. La ética se transmite a
través de la práctica, de ejemplos en los que estén reclamando la presencia de
valores alternativos. Ejemplos que suceden en la misma clase, en la vida real,
ejemplos cercanos a los alumnos. Las Universidades son microcosmos de los
conflictos de la sociedad. El primer paso que habrá que dar en su análisis
serán el tomar conciencia. No dejar que todos los problemas sean resueltos por
otros.
La educación en valores es tarea de todos, de todos los
que actúan sobre los educandos. Es necesario comprender que la sociedad somos
todos y es de todos la responsabilidad de mejorarla. Pero es importante
señalar, como principales actores en la educación a la familia y a la escuela y
como continuidad de esta, la universidad, donde se deben perfeccionar esos
conocimientos.
No se puede dejar de educar en un sentido o en otro. Los
alumnos aprenden comportamientos, según sean los criterios que los guíen. Es
necesario que se aprueben o desaprueben unas conductas u otras.
El Autor
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